LA NECESIDAD DE LA CRÓNICA TEATRAL

Para superar la tradición oral y seguir elaborando documentos que contribuyan, finalmente, a la historia escrita de los quehaceres teatrales en el Perú es necesario, no sólo, recuperar la Crónica teatral, sino también hacer que rebase las funciones de la simple nota de prensa. Esa es una tarea permanente que asumimos como revista teatral. En esa medida, ofrecemos el dictado de Cursos de Crónica teatral en los niveles básico e intermedio para que esta práctica de escritura de alguna manera se generalice, así como también ofrecemos el servicio de crónica con comentario crítico en la que estamos abocados desde hace una década. Los interesados pueden escribir al correo: elzaori@yahoo.com



Los Editores

Enero del 2012




Adenda del 2023, de parte de Alfonso Balbuena y Mathías Linker, Editores adjuntos: A la revista también le interesa la producción y circulación de conocimiento teatrológico, propio y/o ajeno.

lunes, 21 de enero de 2013

XVII ETPA - Huancayo 2012

COMENTARIOS A LOS ESPECTÁCULOS


DOS
¿En estos cuatro espectáculos se cuenta alguna historia?

Más que contarnos una historia en el sentido aristotélico de desarrollar las estructuras narrativas teatrales de “planteamiento de la acción-exposición-nudo-desenlace”, lo que más bien sucede en estos cuatro espectáculos es que nos muestran/(re)presentan acciones escénicas con mayor o menor desarrollo (dramático y dramatúrgico), incluso en el caso de “La nave de la memoria” esto es, finalmente así, a pesar de sus extensas peroratas narrativas [las diferencias entre las opciones de “contar” y de “mostrar” y el significado de las nociones de “lo dramático” y “lo dramatúrgico” y del “decir narrativo” y del “hacer narrativo” los puntualizaré en la crónica aparte]. En ese sentido, a pesar que estos cuatro espectáculos nos presentan acciones escénicas simples o complejas, con moralejas trágicas o en todo caso escépticas y con poiesis[38] experimentales o tradicionales, en aquellas no son fáciles de reconocer ―o en todo caso de seguir― en tanto líneas argumentales[39] que propician ―finalmente― desenlaces abiertos o cerrados [tal vez esto se deba a que responden a procesos de dramaturgia colectiva, no literaria, no verbal, en donde más que el principio de causalidad, parece primar “el trabajo de las acciones”, salvo en el caso de “La nave de la memoria” reconocido por el propio Mario Delgado como “dramaturgia literaria”[40]].

Así pues, “Conflicto” nos muestra dos secuencias: el suicidio del “hombre de la gorrita”, que luego es asistido en los rituales funerarios por el “hombre de la peluca” con rostro maquillado al modo del “guasón” de la película de Christopher Nolan. Al parecer, ambos personajes y sus acciones implican sendos signos (extra-personales) en el sentido en que lo señala U. Eco[41]: por un lado, ¿podrían signar, entre otras posibilidades, al “país” suicidándose…?, y, por otro lado, ¿son los “cómicos (¿bufones andinos?)” del velatorio los causantes del suicidio o en su defecto los deudos del suicida…? Preguntarse esto ya implica asumir que la realidad escénica sólo es propiciatoria de otra muy distinta: si lo que vemos en el escenario son sólo signos que pretenden situarse en y por el proceso de producción de sentido como otros signos totalmente distintos, entonces, no sólo es necesario ver “más allá de lo evidente”, sino lo que vemos sólo es un indicio, un síntoma de algo que está por aparecer y ser definido; es decir, hay un “contenido latente” que tendrá que ser convocado, revelado y concientizado]. En esa medida, ¿estamos frente a una dramaturgia (superficialmente ambigua) que cumpliendo una (principal) función catalizadora pretende exigirnos un estatuto de expectación en base a las “asociaciones libres”…? [¿“asociaciones libres” en función de la cantidad total de espectadores…?, es decir, en una función matemática, o sea: si f: A ® B, en donde “A” es el conjunto de partida, es decir, el conjunto de los enunciados escénicos, y, “B” es el conjunto de llegada, es decir, el conjunto de asociaciones libres generadas por el conjunto de espectadores a partir del conjunto de enunciados del espectáculo, entonces “A” (los enunciados) es función de “B” (la producción de sentido), solo si alguno de los enunciados del primer conjunto depende y es algún significado de los significados (posibles) del segundo conjunto]. Sin embargo, el espectáculo no llega a explicarnos los motivos del suicida, ni tampoco nos avizora las consecuencias de su acto, sólo nos muestra “el trabajo de las (varias) acciones” físicas, objetuales, espaciales, temporales, lumínicas, emocionales, musicales… En esa medida, como no hay “un material anterior a la composición de la obra”[42] que podría aportar los motivos [por ejemplo, del suicida y del velador], y más si se ha suprimido el uso de la palabra, entonces la representación no llega a desarrollar ―dentro de esa única diégesis o narración primaria―[43] las estructuras narrativas previas a ese acto del suicidio [Pavis menciona tres estructuras: exposición-nudo-desenlace[44], y, Beristáin menciona hasta cinco estructuras: exposición-conflicto o nudo o tesis-clímax o antítesis del nudo-desenlace-catástrofe, esta última sólo para la tragedia antigua[45]]; acto del suicidio que sospechamos correspondería más bien al desenlace (abierto) de una historia de la cual adrede no se nos proporciona material informativo alguno, el cual tendría que ser ofrecido como parte de ciertas estructuras narrativas previas que ya sabemos que son las estructuras clásicas o tradicionales [el análisis de la crónica aparte dilucidará: a) si este “olvido” o es a adrede o es simplemente un reflejo del autodidactismo en Antares o por último, responde a una opción dramatúrgica que apuesta por el fragmento (¿más importante?); b) de poder y querer ofrecerse ese material informativo previo ¿cómo y por quién tendría que ser ofrecido?; c) ¿ese desenlace o “final” abierto es también otra argucia premeditada más para precisamente desencadenar ―a través de la función catalizadora― aquellas semiosis o producciones de sentido o lecturas que este espectáculo (inteligente) en particular, no sólo promueve, sino también necesita?

En el caso de “Esencia” de Chaupimayo estamos frente a un espectáculo híbrido [recuérdese que espectáculo es “todo lo que se ofrece a la mirada”[46]], que no sólo no teme mostrar frente a los espectadores de sala lo que ―al parecer― es una (principal) convención de (todo) espectáculo callejero [las actrices ―por encima de unas mallas enterizas de color negro, rojo y celeste que portan a modo de uniforme― se colocan las prendas del vestuario (espectacular) que curiosamente coincide con el color de la malla], sino también es un espectáculo que no tiene problemas para introducir un (supuesto) primer cuadro [por lo menos una de las tres actrices introduce dos velas encendidas]. Así, en ese acto (público) de caracterización y en ese “inicio” de la representación encontramos dos preguntas puntuales: a) ¿la acción del vestirse representa alguna secuencia proto-argumental, en el sentido de material precedente de la fábula?, y, b) ¿la acción de las dos velas constituye la secuencia inicial o final de qué fábula? Para quienes hemos hecho teatro en la calle, es fácil responder con un no (rotundo) para la primera pregunta [en tanto que ese “tiempo” ―público o no― de la caracterización es por lo general un tiempo “muerto”[47] y “pre-escénico”, a pesar de ser a la vez un tiempo “caótico”, ya que vestirse sería ―en última instancia― parte del espectáculo en general, más no parte de la representación escénica], y por otro lado responder con un tal vez (ambiguo) para la segunda pregunta [en tanto tiempo que por lo particular de la acción es “vivo”, “ordenado” y representacional, esa acción con las dos velas o bien podría significar el desenlace de algo que antecede o bien el inicio de algo que comienza]. Así mismo, también esas dos acciones implicarían un doble objetivo: la de ir mostrando los mecanismos/artificios que van a posibilitar la representación escénica, y, la de empezar ésta desarrollando un primer cuadro que el propio Chaupimayo precisa ―a través de una voz en off― como un homenaje in memorian.

Pero, el resto de la representación ¿cuenta/desarrolla una “historia” o no? La respuesta es sí, siempre y cuando se asuma que esa “historia” ―al igual que en el caso de “Conflicto”― también se haya circunscrita al discurrir de una (sola) diégesis, aunque con mayores desarrollos lógico-causales [en todo caso, reconocemos en ella las estructuras clásicas que H. Beristáin halla, por ejemplo, en la tragedia antigua]. En ese sentido, se va desde la “alegría” (identificatoria) del baile festivo [¿“exposición”?] al temor que se genera cuando éste es cortado abruptamente [¿“conflicto”?], para terminar en la quietud sumisa [¿“desenlace”?], teniendo en la lucha de los dos aspectos duales del personaje antropomorfo del “danzante” [“cóndor” y “puma”], no sólo el momento de mayor tensión, sino también el de mayor dificultad de realización [¿“clímax”?], y, luego del cual se impone ese “tiempo” en que no “pasa nada” [¿“catástrofe”?]. Es decir, tal diégesis se podría resumir en lo siguiente: hubo un tiempo de (primer) “orden” en que reinó la fiesta y todo lo que ello implicaba, más luego algo pasó que trastocó/caotizó todo en un tiempo de silencio y de muerte, es decir, en un (subsecuente) tiempo de (segundo) “orden”. Por lo tanto, tal diégesis se expresaría entonces con las siguientes secuencias: a) la fiesta (dramática) entre las mujeres con vestimenta “roja” y “celeste” [acompañada con música en off de quenas y guitarras y luego con “El cóndor pasa”]; b) la fiesta interrumpida a balazos; c) la aparición del danzante de tijeras vestido de blanco y con máscara del “cóndor” y [¿otro personaje?] con máscara de “puma” vestido y con prendas oscuras, ambas facetas luego cumplirán roles simbólicos y complementarios pero también trastocados[48] [acompañada por una canción en off que en algún momento dice: “son tus fantasmas…”]; d) el baile de un huayno [acompañada por una interpretación del huayno ¿Wifala?]; e) la “lucha” del “cóndor” y del “puma” y su subsecuente unión y fragmentación en un contexto generalizado de amenaza [acompañada con un fragmento en off de “Carmina Burana”], mientras las dos mujeres de prendas “roja” y “celeste” se protegen mutuamente, el (fragmento) “puma”, finalmente, yace caído, y, el (fragmento) “cóndor” simula los pasos de un danzante de tijeras; f) la “muerte” (generalizada): mientras las dos mujeres de prendas “roja” y “celeste” yacen caídas boca abajo en las zonas laterales, el (fragmento) “puma” yace también caído boca arriba al fondo y el (fragmento) “cóndor” de igual manera lo hace boca abajo en el centro del escenario que deviene en “ombligo” del espacio de la representación [¿está orando / suplicando / ausentándose = escondiendo la cabeza como el avestruz / resistiendo…?], mientras que en la zona de la corbata las dos velas aún siguen encendidas. Finalmente habría que indicar que esa “primera” secuencia que llamamos el homenaje (in memorian), es decir aquella secuencia en donde una voz en off dice: “en memoria a los desaparecidos forjadores y cultores del arte”, mientras la chica de la vestimenta “roja” introduce dos velas encendidas, la entenderíamos ―finalmente― como parte (inicial) de la representación en su condición, no sólo de exordio[49] [en tanto estructura], sino también de continuidad de una herencia que viene de más atrás de esta “fabula” misma [en tanto tema].  

Mientras escribimos esta sinopsis no podemos dejar de pensar/recordar dos referentes ―independientemente si Chaupimayo los asume como tales―: a) la película “El baile” de Ettore Scola, estrenada en 1983, y el cuento de José María Arguedas “La agonía del Rasu Ñiti”, publicado en 1962; referentes que subyacen en la representación, respectivamente como uso de ciertos recursos/medios expresivos y como línea temática argumental. Así pues, en el caso de la película, se “narran” ―vía una serie de géneros bailables y vestuarios de época, es decir, sin necesidad de la oralidad― 50 años de la historia política de Italia desde 1900, y, en el caso del cuento de Arguedas se nos narra el baile final de un viejo danzante de las tijeras, una mítica manifestación artístico-cultural de Huancavelica[50]. En ese sentido, en los compañeros de Chaupimayo ―más que como una historia general y extensa― se “narra” ―más bien― una “historia” especifica y corta ―finalmente― de la tragedia que implica el ser andino y sentirse parte de ciertas manifestaciones culturales; tragedia que ya lleva casi 500 años [el contexto (bélico) de caos mortal y por ende de tiempo invertido, es decir, de pachacuti, es anecdótico y totalmente secundario: se le puede entender como la “extirpación de las idolatrías” de los siglos XVI y XVII o también como el conflicto interno de los años ‘80s del siglo XX]. En todo caso, el análisis posterior indagará en qué medida el “desenlace” ―presentado como caída y (probable) “muerte” de los personajes a excepción del “cóndor”― no estaría implicando ―en el plano simbólico― la caída y la “muerte” también de la música popular-andina en lo particular y de los valores culturales que esta representa en lo general[51]], ya que dentro de la concepción de tiempo cíclico el “final” de algo es ―a la vez― el comienzo de eso nuevamente (¿y “distinto”?). Por último, como en el caso del espectáculo “Conflicto”, no podemos obviar que en este espectáculo de “Esencia”, tampoco se proporcionan los motivos, al menos de aquellos que convierten, finalmente, un escenario de fiesta en un escenario [precario] de silencio y de muerte.

En el caso de “La nave de la memoria” de Cuatrotablas nos encontramos ante un desfile de personajes prehispánicos e hispánicos vinculados a algunos “relatos míticos”[52] fundacionales: los cuatro hermanos Ayar (del hoy que remiten a los del ayer), Pedro de Candia y Elvira Rupay, Garcilaso de la Vega y Huamán Poma de Ayala, Constanza (la prima de Elvira), Juan Aguilar (sirviente y nieto de Pedro de Candia), y, Rubens… Y más que una cadena de acontecimientos originados por el principio de causalidad, presenciamos ―escuchamos, en realidad― los discursos de aquellos, más allá o más acá del trabajo (extra-cotidiano) sobre las acciones físicas de los actores más jóvenes y la caracterización de los diversos personajes a partir de la incorporación de un elemento central del vestuario de aquellos. Y decimos esto porque la dramaturgia literaria de Ricardo Oré (fallecido en agosto del 2001), autor del texto pre-escénico[53] es, al parecer, respetada en su totalidad por el director Mario Delgado, a pesar de esos hibrismos de performances[54] escénicas con los que cuatro actores componen el texto escénico[55]: alrededor de los dos actores de mayor trayectoria y oficio representados por Manuel Luna y Flor Castillo, el director Mario Delgado estructura y teje las relaciones dramáticas y las situaciones dramáticas a partir de las acciones de los dos actores jóvenes representados por Miguel Gutti y Edith Palomino [ya comentaremos en crónica aparte si, por un lado, esta preeminencia del eje paradigmático en detrimento del eje sintagmático[56] refleja la actual crisis de la dramaturgia contemporánea que opta por recusar los (grandes) metarelatos a favor de privilegiar ―en este caso― los discursos (verbales) de los personajes, es decir, privilegiar la retórica (escénica), a tal punto de contaminar el espectáculo con un retoricismo de “teatro rico”, cuestión que resulta paradojal en este director epígono del “teatro pobre”[57] limeño, y, por otro lado, si tras la movilidad y el accionar de los actores jóvenes y la poca movilidad y accionar de los actores veteranos podría estarse dando, no sólo la manifestación de cierto eclecticismo/agotamiento técnico-estético, sino también estaría cumpliéndose la sentencia de Manuel González Prada: “los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra”[58]]: en todo caso, ¿estamos ante otro ejemplo de aquella función catalizadora que en este caso se ejemplifica en la instrumentalización colisionada entre un “inconsciente colectivo” histórico oficial y otro no-oficial?

Y por último, en el caso de la corta demostración de la joven actriz colombiana Luz Marina Rojas sólo pudimos reconocer una pequeña secuencia argumental en el segundo momento cuando ―a insistencia de M. Delgado― aquella repitió y explicó parte de la secuencia inicial nombrando una a una algunas de las primeras acciones físicas de su demostración. En ese sentido, gracias a la verbalización pudimos acceder a la información capital que nos hacía entender que estábamos frente a una “sirvienta” que acudía al llamado de la “patrona”. Cuestión difícil de reconocer tan sólo por la información de un vestuario engañoso o por las mismas acciones (compleja y culturalmente codificadas) o ―en última instancia― por la presencia de una música incidental a modo de leif motiv [por ejemplo, el vestuario contenía tal cantidad de ornamentos dorados que inducía al error, pues por enciclopedia visual no podíamos dejar de asumir que estábamos al frente de un personaje pudiente y aristocrático]. A la demostración ―más que encontrarle una importancia en el escaso desarrollo del eje sintagmático de los acontecimientos― hay que valorarla ―más bien― por ese metalenguaje que implica una técnica interpretativa oriental que va más allá del naturalismo escénico occidental.


Notas


[38] Estamos empleando el término griego poiesis en el sentido de proceso creativo o como lo define Jorge Dubatti como el sub-acontecimiento del lenguaje en el acontecimiento teatral; sub-acontecimiento en su doble instancia: de fundación-nombramiento-descripción del mundo de la representación y de la producción de sentido de lo verbal y no verbal [Cf. Jorge Dubatti, Teatralidad y cultura actual: la política del convivio teatral, revista dramateatro, en línea].

[39] Estamos tomando prestada la noción de líneas argumentales del director colombiano Santiago García. En el Seminario “Intentos de Teorización de la Creación Colectiva” dictado en la en ese entonces  ENSAD de Lima durante el mes de marzo de 1982, dijo que:
Tanto el tema como el argumento se presentan o se expresan en forma de líneas: las líneas temáticas y las argumentales. Las líneas temáticas presentan los diferentes niveles en los que puede desarrollarse el tema. Son los vectores que, a través de toda la obra, van exponiendo las diferentes facetas del tema. por ejemplo, en Los Diez Días que Estremecieron al Mundo encontramos tres líneas temáticas que se desarrollan a lo largo de la obra: pan, paz y tierra.
Las líneas argumentales van apareciendo para expresar el argumento. En Los Diez Días que Estremecieron al Mundo encontramos cuatro líneas argumentales:
a) La Revolución Socialista (Bolchevique) con Lenín a la cabeza
b) La Revolución Burguesa (S.R. y menchevique) con Kerenski
c) La historia del grupo de teatro “Qué Bella Cosa” y
d) La historia del Trujamán o director del grupo.
El tejido de estas líneas argumentales, su interrelación con sus personajes y su correspondencia con las líneas temáticas, van conformando la estructura final de la obra y definiendo el tema fundamental. En el caso de Los Diez Días que Estremecieron al Mundo: la toma del poder de una colectividad organizada sobre los intereses individuales, que posteriormente se precisó como el orden impuesto por una minoría, destrozado por el desorden impuesto por una mayoría, para beneficio de la mayoría y finalmente se concretizó sencillamente en: La Revolución.

PLANO DEL CONTENIDO
PLANO DE LA EXPRESIÓN
TEMA
(Sustancia del contenido)
LÍNEAS TEMÁTICAS
(Sustancia de la expresión)
ARGUMENTO
(Forma del contenido)
LÍNEAS ARGUMENTALES
(Forma de la expresión)

(Santiago García, “Intentos de Teorización de la Creación Colectiva”. Seminario dictado por Santiago García, Lima, Marzo/Abril 1982, Documentos de Teatro, nº 2, Grupo Cultural Yuyachkani, p. 43; las negritas y los subrayados no aparecen en el original)

[40] Cf. La entrevista “Cuatrotablas presenta la nave de la memoria” en el portal ser peruano.com: http://www.serperuano.com/2012/11/cuatrotablas-presenta-la-nave-de-la-memoria/
(Consulta: 05 diciembre 2012, 14 diciembre 2012).

[41] Dice Umberto Eco que la representación (teatral) “es poner el acento sobre el carácter de signo que reviste toda acción teatral, donde cada cosa, ficticia o no, se exhibe en efecto, mediante una u otra forma de ejecución, para fines lúdicos, pero por encima de todo para que esa cierta cosa se sitúe en el lugar de cierta otra cosa […] El elemento primario de una representación teatral (más allá de la colaboración de los demás signos verbales, escenográficos, musicales, etc.) es el cuerpo humano que se deja ver y se nueve”.
[Cf. Parámetros de la semiología teatral; las negritas no aparecen en el original].

[42] El académico canadiense Patrice Pavis sostiene que las dos concepciones opuestas del lugar que ocupa la “fábula” son:
- como material anterior a la composición de la obra
- como estructura narrativa de la historia
(P. Pavis, Diccionario del teatro, Paidós. 1998, p. 197)

[43] Cf. Helena Beristáin. 1995. Diccionario de retórica y poética, Retama, México, p. 15; está en línea
(Consulta: 14 Diciembre 2012)

[44] Patrice Pavis, 1998. Diccionario del teatro, Paidós, p. 192-194, p. 313-314 y p. 124-125, respectivamente.

[45] Cf. Ob. cit., p. 23-24

[46] CF. Ob. cit., p.178.

[47] Lo curioso es que de esto estuvimos hablando en uno de los desayunos. Y lo hacíamos en relación con una anécdota de Cuatrotablas. Anécdota que tenía que ver con la versión sobre “La Opera de dos centavos” de 1981.

[48] Ya explicaremos en crónica aparte por qué los vemos y los entendemos como en roles simbólicos que están trastocados y son ―a la vez― complementarios. Por ahora, señalamos lo siguiente: a) los vemos como trastocados, pues mientras que en la enciclopedia de los espectadores se asume que el “puma” es un animal totémico de tierra, el “cóndor” lo es de aire; sin embargo, en la “verdad escénica” de la puesta en escena, al “puma” se lo coloca en el “aire” [entiéndase, en un plano superior (sostenido por el único actor)] y al “cóndor” se lo coloca con los “pies” sobre la tierra [sostenido por los propios pies del actor]; y, b) los entendemos como complementarios pues comparten la indumentaria del danzante, es decir, el “puma” porta la parte superior y el “cóndor” la parte inferior, más allá que la vestimenta del “puma” y del “cóndor” sean básicamente negra y blanca, es decir, colores neutros.

[49] Ya el análisis determinará en crónica aparte si en los siete espectáculos locales ─aparte de “Esencia” de Chaupimayo─ hay algún otro que introduzca un exordio.

[50] Es curioso señalar que en la versión del 2002 que el grupo limeño Waytay presentó en la XX Muestra Nacional de Teatro Peruano [Huánuco, del 5 al 9 de noviembre] también se emplearon dos velas encendidas al comenzar [Cf. Juan Ayala, Crónica comentada de La agonía del Rasu Ñiti, sábado 9 de noviembre; material inédito].

[51] Habría que tomar en cuenta, por un lado que en “La agonía de Rasu Ñiti” (publicado en 1962) de José María Arguedas (fallecido en 1969) el “Wamani” o “dios (apu) de la montaña” está representado por el cóndor, y, por otro lado que Huancavelica es tierra de danzantes de tijeras.

[52] Las nociones “relato mítico” y “mito” son señaladas por el director colombiano Enrique Buenaventura como nociones contrapuestas que el propio Lévi-Strauss consideraba como distintas. Dice Buenaventura:
El relato mítico (verbal o no) es para èl [Nota de los Editores.- Está hablando del antropólogo Lévi-Strauss] la expresión del mito, no el mito mismo. Los mitos subyacen bajo la superficie cambiante de los relatos, como la lengua bajo el habla. Los relatos míticos están constituidos por determinados acontecimientos opuestos y semejantes que se combinan de manera diferentes para formar variantes o versiones de las cuales ninguna tiene el privilegio de ser la original. Todas las variantes son igualmente válidas.
(Enrique Buenaventura, Dramaturgia, tema, mitema y contexto, Cali-Colombia, 1985; en línea hay una versión PDF incompleta)

[53] Entendemos por texto pre-escénico;
A una clase de texto literario dotada de virtualidad escénica, escrito a priori, antes e independientemente de la escena, que guarda un vínculo transitivo con la “puesta en escena”
(Cf. Jorge Dubatti, Dramaturgia(s) y ampliación del concepto de texto dramático: una conquista epistemológica de la teatrología, revista virtual dramateatro, nº 22, setiembre-diciembre de 2007; los subrayados no aparecen en el original)

[54] Estamos empleando la noción de performance en el sentido en que U. Eco la precisa en Parámetros de la semiología teatral, es decir como el conjunto de las características de la ejecución de una representación teatral.

[55] Entendemos como texto escénico:
A la clase de texto literario que consta de la unidad lingüístico-verbal, oral y escrita, presente en cualquier práctica discursiva escénica, texto efímero de cada función sólo registrable en soporte auditivo o audiovisual (grabaciones de audio, video, cine, televisión)
(Cf. ob. cit.)

[56] Esto que entendemos por eje sintagmático y por eje paradigmático se deriva de la lectura de un texto teórico del director colombiano Enrique Buenaventura [Cf. Dramaturgia, Tema, Mitema y Contexto, Cali, 1985], que luego hemos complementado con los dos tipos que la noción lectura tiene para el teórico canadiense Patrice Pavis. Por ahora, diremos que el eje sintagmático es la cadena de acontecimientos concretos de la fábula y el eje paradigmático es la cadena de paradigmas/significados abstractos que se derivan de los primeros.

[57] Entendemos por teatro pobre como aquel teatro que
Puede existir sin maquillaje, sin vestuarios especiales, sin escenografía, sin un espacio separado para la representación ―escenario―, sin iluminación, sin efectos de sonido, etc. No puede existir sin la relación actor-espectador en la que se establece la comunión perceptual, directa y ‘viva’ […] Desafía la noción de teatro como una síntesis de disciplinas creativas diversas: literatura, escultura, pintura, arquitectura, iluminación, actuación ―bajo la dirección de un metteur en scéne―. Este ‘teatro sintético’ es el teatro contemporáneo que de inmediato intitulamos el ‘teatro rico’: rico en defectos. El teatro rico depende de la cleptomanía artística. Se obtiene de otras disciplinas […] Hemos prescindido de la planta tradicional escenario-público. Para cada producción hemos creado un nuevo espacio para actores y espectadores […] Abandonamos los efectos de luces […] Abandonamos el maquillaje, las narices postizas, los estómagos abultados falsamente. Advertimos que era un acto de maestría para el actor cambiar de tipo, de carácter, de silueta ―mientras el público contempla― de una manera pobre, usando sólo su cuerpo y su oficio […]  El maquillaje del artista es sólo un artificio […] La eliminación de la música ―viva o grabada― que no haya sido producida por los mismos actores permite a la representación misma convertirse en música mediante la orquestación de las voces y el golpeteo de los objetos. El texto per se no es teatro, se vuelve teatro por la utilización que de él hacen los actores gracias a las entonaciones, a las asociaciones de sonidos, a la musicalidad del lenguaje.
(Cf. Jerzy Grotowski, 1974. Hacia un teatro pobre, México, Siglo XXI Editores.)

[58] La sentencia de Manuel González Prada (1844-1918) “Los viejos a la tumba, los jóvenes a la acción” aparece en el Discurso de 1888 en el Teatro Politeama.

CONTINUARÁ

domingo, 20 de enero de 2013

XVII ETPA - Huancayo 2012

COMENTARIOS DE LOS ESPECTÁCULOS



Nota de los Editores.- Ya en Lima hemos redactado una adenda [Borrador 2] que incluye los espectáculos “Conflicto” de Antares (Ayacucho), “Esencia” de Chaupimayo (Huancavelica), “La nave de la memoria” de Cuatrotablas (Lima) y la demostración de la danza de Bali de la actriz colombiana Luz Marina Rojas [desde ahora, LMR]; adenda que también tendremos que entender como provisional y pasible de sufrir enmiendas, ya que esos cuatro espectáculos ―por el hecho de presentarse el domingo 18 y el lunes 19 por la noche― no pudieron ser objeto de comentario público posterior: aquellas últimas horas de la noche del lunes 19 sirvieron para que regresaran a Lima los Cuatrotablas y los últimos integrantes de las agrupaciones que se quedaron por la ceremonia de clausura.



BORRADOR 2

A
sí, siguiendo con el esquema general del análisis, síntesis y sistematización de los cuatro primeros espectáculos decimos que mientras que la plantilla espacial del espectáculo “Conflicto” [31’ de duración, Cf. 7f2] está preparada para una “sala a la italiana”, los espectáculos “Esencia” [24’ de duración, Cf. Anexo 7g], “La nave de la memoria” [no logramos tomar el tiempo total aunque el espectáculo concluyó a las 08.02 pm., Cf. Anexo 7h2] y la demostración de la danza balinesa [cerca de 10’ de duración, Cf. Anexo 7i] son ―en cambio― espectáculos (híbridos) que podrían funcionar mejor en un espacio circular o en su defecto en un espacio semi-circular, pero que llegaron a funcionar ―a pesar de todo― en el espacio frontal del auditorio de la municipalidad provincial de Huancayo, las noches del domingo 18 y lunes 19, respectivamente.


UNO
Comentemos algo ―antes― de ese carácter híbrido que los hace viables ―al parecer― en “todo terreno”. En ese sentido, puntualizamos los siguientes señalamientos, con cargo a desarrollarlos en la crónica aparte:
0) los dos primeros espectáculos [“Conflicto” y “Esencia”] están atravesados por ese “aire” dramático y mortal de las zonas de emergencia de Ayacucho y Huancavelica, dos ciudades de los andes sur-orientales del Perú que fueron sendos escenarios de la guerra de los años ‘80s, aunque ambas propuestas técnico-estéticas impliquen características no de un “teatro mortal” y de un “teatro tosco” como tal vez sería ―prejuicioso― suponer, sino más bien de un “teatro sagrado” y de un “teatro inmediato”[31] [ya veremos luego si estas cuatro nociones son las más apropiadas o no para estos cuatro espectáculos]; mientras que en el caso del tercer espectáculo [“La nave de la memoria”] reconocemos ese “aire” trágico y delirante de un grupo histórico de Lima que acaba de cumplir 41 años regresando precisamente a algunas de las preguntas puntuales de sus orígenes: “oye”, ¿“tú país está feliz”? y ¿“el sol (sigue estando) bajo las patas de los caballos” (en esta) “ópera de dos centavos” (que es el Perú)?[32]; y en el caso del cuarto espectáculo [la demostración de la danza balinesa] reconocemos ese “aire” sagrado y de tradicionalismo oriental en donde al decir de Peter Brook “lo invisible” se hace “visible”[33];

1) en la medida que el espectáculo “Conflicto” de Antares (Ayacucho) apela al uso, entre otros tantos recursos, de las “sombras chinescas” y de un “teatro de atmósferas” es ―en última instancia― un espectáculo de sala en general y un espectáculo de laboratorio teatral[34] en particular [“sombras chinescas” que empleadas en cualquier otro espacio no-frontal dejarían de sorprender[35] y de significar en la dimensión en que lo hacen, y, “atmósferas psicológicas” que se constituyen ―de manera psicofísica― en una estética, no sólo finalmente dominante, sino también en una estética propia de los “laboratorios teatrales” (ochenteros)]; en cambio, el espectáculo “Esencia” de Chaupimayo (Huancavelica), por el hecho de haber sido estructurado a partir de imágenes reales y simbólicas, de ritmos andinos mestizos y de emplear tres actrices y un actor descalzos que ataviados indistintamente con mallas color negro, rojo, celestes y blanco que luego son reemplazados por vestuarios tradicionales en donde esos colores son fundamentales, se constituye, finalmente, en un espectáculo híbrido, es decir, en un espectáculo básicamente de calle, pero también básicamente de sala, en donde cuatro actores accionan, finalmente, en planos distintos de las seis direcciones básicas[36] empleando dos recursos expresivos que llamaron poderosamente nuestra atención: por un lado, la presencia de una simetría cartesiana devenida en el significante de una serie de significados múltiples [por ejemplo, los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones del año, los cuatro “hermanos Ayar”, el movimiento circular del tiempo mítico, las cuatro “paredes” del escenario de sala…], y, por otro lado, la presencia de cierto “teatro conceptual”[37] devenido en referente y propiciador de una fábula que por nuestras raíces marítimas no terminamos de entender del todo]. Así mismo, en el caso de “La nave de la memoria” reconocemos: el uso de la palabra [por (largos) momentos, narrativa, desmedida y alucinada, por ejemplo, en “Pedro de Candía” interpretado por Manuel Luna], el uso del canto andino [por ejemplo, a través de la maravillosa voz de Flor Castillo], el uso de la codificación gestual [más en Miguel Gutti que en Edith Palomino, los actores más jóvenes], el uso de la proxemia en los (continuos/discontinuos) rompimientos/avenencias de los espacios, de los tiempos y de los personajes que potencian, no sólo el carácter proteico del espacio ―al decir de Eduardo Valentín de Barricada―, sino que también implican una serie de metamensajes [por ejemplo, el apolíneo: ¡el Perú (andino) no es el mundo de los griegos!, como se dice durante la representación; el dionisiaco: ¡la conquista y el mestizaje como dos empresas de lujurias, pillajes y muertes!, como se demuestra durante la representación; el legado cuatrotablesco: ¡por sobre todo, esa vocación por hacer aquella dramaturgia (literaria o no) que nos hable del Perú de “antes” y del Perú de “ahora”, es decir, mantener a flote la “nave” de la memoria (histórica)!]. Con la salvedad de que en todo momento siempre se está en el tiempo (ficcional) de la representación. Y, por último, en el caso de la demostración de la danza balinesa, la actriz LMR apela a una sofisticada red de tensiones e intensidades de acciones codificadas que en la segunda repetición se hicieron notar y sentir.

Notas


[31] Las nociones de “teatro sagrado” y de “teatro inmediato” corresponden a las ideas de Peter Brook en “El espacio vacío” [The empty space, 1968 para la versión inglesa, 1973 para la versión española de Ediciones Península]. Las otras dos nociones son: “teatro mortal” y “teatro tosco”.

[32] Los que conocen la historiografía de los espectáculos de Cuatrotablas podrán reconocer “Oye” (estrenado en 1972), “Tu país está feliz” (1971), “El sol bajo las patas de los caballos” (1974) y “La Opera de dos centavos” (1981). Obras realizadas con la generación de mayor trascendencia y eficiencia escénica, al decir de este silencioso testigo de cierta historia teatral limeña.

[33] Es interesante cómo esos últimos cuatro espectáculos podrían ser asociados a determinadas ideas consignadas por Peter Brook. En todo caso, con respecto a la demostración de la danza balinesa eso “invisible” que se hace “visible” del ―llamado por Brook― “teatro sagrado” serían los principios técnicos opuestos [por ejemplo, kras (fuerte) y manis (suave)], pues, al decir de Barba, “La danza de las oposiciones se baila en el cuerpo antes que con el cuerpo” [Cf. Barba y Savarese, 1988. Anatomía del actor, Editorial Gaceta, México, p. 22].

[34] Por ahora diremos que “Conflicto” es un espectáculo que ―de alguna manera― hereda parte de ese “laboratorio teatral” de los años ‘80s del siglo XX. En todo caso, las conexiones son evidentes, más allá de que los actores así lo asuman o simplemente lo rechacen totalmente.

[35] No es gratuito que el espacio frontal o “sala a la italiana” implique el uso de la “cámara negra” que es tal por las posibilidades de sorpresa y de “magia” que, por ejemplo, Brecht en su época recusaba porque enmascaraba un metamensaje que a él interesaba enviar de manera clara e inequívoca: el espectáculo como expresión del trabajo de la dupla director/ actores y de los técnicos del escenario.

[36] Las seis direcciones básicas conformadas por tres pares: adelante/atrás, derecha/izquierda y arriba/abajo son finalmente, direcciones cartesianas.

[37] Obviamente cuando decimos “teatro conceptual” nos estamos remitiendo a las formas que el simbolismo en el teatro ya ha plasmado históricamente. Sin embargo, sospechamos que en “Esencia” ese simbolismo (pre-moderno) pretende apoyarse, no sólo en las tradiciones mágico-religiosas andinas, sino incluso salirse del ámbito de “lo (propiamente) teatral” [¿en tanto técnica circense?]. Ya reflexionaremos este aspecto en relación, por ejemplo, con algunas características de lo que en Lima se viene llamando (innecesariamente) como “intervención urbana callejera”, “teatro fronterizo”, “accionismo” y “performance”.

CONTINUARÁ

jueves, 3 de enero de 2013

XVII ETPA - Huancayo 2012

COMENTARIOS DE LOS ESPECTÁCULOS


BORRADOR 1
Madrugada del domingo 18 de noviembre de 2012[27].

C
uatro espectáculos: “Atemperados” de Hangar, factoría escénica de Lima (47’), “Así nació este tondero” de Cuarta pared de Piura (44’), “Sin palabras” de Pumaskalla de Chiclayo (67’) y “Don Dimas de la Tijereta” del TUNI de Lima (38’).

Primeras “digestiones” desde la crónica, más no desde la crítica, por más que esto devendrá en una crónica comentada.

Estamos trabajando con el siguiente esquema general[28]:
I) Plano de la expresión, en el sentido de relato, y
II) Plano del contenido, en el sentido de discurso.

Esta primera “digestión” sólo contemplará aquellos aspectos fenoménicos, es decir, “espectaculares” en el sentido de todos aquellos aspectos “que se ofrecen a la mirada”, a la “lectura” y a la “producción de sentido”; aspectos fenoménicos del “Plano de la expresión” como:
1. El espacio escénico
2. La fábula o argumento
3. El drama-ergon de la representación.

“Digestión” que entendemos como análisis, síntesis y sistematización de un conjunto de materiales que hemos recogido de los espectáculos mismos. Haciendo/señalando la salvedad de que cuanto se diga aún se encuentra en la condición de provisional.

Nos van a disculpar que no expliquemos (toda) la terminología pero 15’ son insuficientes. Sin embargo, es necesario decirles que así como los espectáculos de los teatreros prácticos están inmersos/atravesados por dos grandes problemas:
a) el carácter extra-literario que el teatro peruano y el teatro hecho en el Perú han asumido en los últimos 30 años, y.
b) las colisiones, préstamos y discrepancias entre un teatro moderno tradicional y otro teatro moderno experimental.

Así también, están atravesados por algunas polémicas históricas: el divertimento versus el didactismo, es decir, dónde ponemos el acento; las contextualizaciones locales/nacionales versus las contextualizaciones atemporales/universales, basadas en un canon temporal del “ayer”, del “no se sabe cuándo”, del “aquí y ahora”; en definir ¿cuál es el código fundamental de la expresión?, ¿la palabra, el movimiento físico, las acciones físicas, el movimiento emocional, el soporte musical, el objeto escenográfico?; y, dramaturgias sobre otros o dramaturgias sobre el yo del actor.

1. Así, “Atemperados” parte de una plantilla espacial tipo “U”, mientras que los otros tres espectáculos lo hacen desde la plantilla de la “sala a la italiana”. Ya explicaremos luego que la premisa espacial del primer espectáculo no implica necesariamente una decisión basada en un capricho arbitrario, sino que está ligada a los metamensajes del propio espectáculo.

Metamensaje es el mensaje dentro de otro mensaje. Para el análisis de los textos literarios recibe el nombre de “subtexto”, “contenido latente” para el psicoanálisis y está también en la segunda frase más conocida del filósofo canadiense Marshall McLuhan: “el medio es el mensaje” (la primera frase tiene que ver con aquello de “la aldea global”). Metamensajes que tienen que ver con: el acontecimiento teatral como experiencia, la necesidad de la cercanía durante la expectación, el barroco como medida de las cosas y la desnudez física y simbólica como develamiento.

Así mismo, también explicaremos luego que la decisión de apelar a la “sala a la italiana” responde, entre otras causas, al momento en que se encuentran los procesos de los otros tres “grupos”.

2. La fábula o argumento
Nuevamente el primer espectáculo se diferencia de los otros tres. Y aquí detengámonos un instante para señalar algunas características básicas:
a) ¿Qué significa la expresión “contar una historia”? Tal expresión ha pasado a ser aquella que implica “narrar” escénicamente un relato bajo el formato aristotélico de exposición, nudo y desenlace; formato en el cual se resuelve o no un conflicto central y otros secundarios. En esa medida, la fábula o argumento entendida como sucesión de acontecimientos se encuentra presente como estructura narrativa teatral en los cuatro espectáculos, por más que esa sucesión de acontecimientos no se base en el caso del primer espectáculo en un conflicto al modo aristotélico. Así, todos esos cuadros que rompen las leyes del tiempo/espacio se basan en un agón o lucha dramática caracterizados por la ausencia del otro, salvo, tal vez en esos momentos de la presencia de esa “mujer” mostrada por ese maniquí vestido. Mientras que en los casos del espectáculo de Piura aparezca como una “historia” dentro de otra “historia”,

(Alder Yauricasa Verástegui de Chaupimayo interviene para decir que eso se llama “técnica de la caja china”, y JA, el cronista comenta que eso no lo sabía y toma nota para no olvidarlo).

y en donde el agón se centra en el conflicto doble de las chicheras y las pitucas y de Guillermo Riofrío y Elsita…

(Aquí Juan Manuel García de Cuarta pared interviene para decir el nombre correcto: Inesita, de Inés…)

...e Inesita. En el caso del espectáculo de Chiclayo, aparezca entre este núcleo familiar de la señora, el hijo y el mayordomo, núcleo familiar enfrentado a las vicisitudes de la guerra interna pasada en un primer plano, y en un plano secundario, pero no menos importante, entre el amor del mayordomo hacia la señora y hacia el hijo de la señora. Y, en el caso de “Don Dimas…” aparezca en esa actitud maquiavélica de un viejo en pos de conseguir el amor de una muchacha.

b) ¿Cuántos tipos de desenlaces hemos visto?
Al parecer, no hay desenlace en el primer espectáculo. ¿Eso ya cataloga a la fábula dentro de la condición de fábula abierta?
En el caso del espectáculo de Piura habría que preguntarse si también es una fábula abierta, y de no serlo, si esos cuadros de la pareja que baila un tondero y esa declamación del poema a Sullana pretenden serlo. En el caso de Chiclayo, sospecho que sí hay desenlace: el núcleo familiar se rompe: el hijo muere, el mayordomo se va y la madre se aloca, por más que el último cuadro pretenda como mensaje final que no es así, porque los tres personajes vuelven a reproducir el cuadro de navidad. En el caso del TUNI, también sospecho que hay desenlace en la medida que el oficio de leguleyo lo salva a “Don Dimas”.

3. Sobre el drama-ergon de la representación
Por ahora diremos que usamos esta noción que es de Barba y que la entendemos como “el trabajo de las acciones”. Y por “acciones” aquí habría que entender no sólo las acciones físicas y las intencionalidades de los personajes, sino también como el uso de tal o cual efecto de luz, el uso de tal o cual partitura musical, la presencia y el uso de tal o cual objeto escenográfico, el uso de tal o cual color en el vestuario y el uso o no uso de la palabra. En esa medida, este drama-ergon termina constituyendo una serie de partituras.

Así:
a) en Hangar, hemos reconocido una partitura espacial que va del espacio más grande al espacio más pequeño, del adentro al afuera y que genera un constante traslado o mejor dicho reposicionamiento de los marcos, de los roles entre yo y mi reflejo a un doble nivel entre la escena y la platea, de los tiempos, de los espacios, de las presencias y ausencias; una partitura emocional; una partitura de resignificación; y, una partitura de “vida” escénica, que por ahora es ambigua, entre representación ficcional y representación de la memoria personal.
b) en Cuarta pared encontramos una partitura musical de raigambre popular, una partitura emocional, una partitura oral (popular), una partitura gestual, una partitura espacial en el sentido que señala la proxemia y la construcción de lugares a través del reacomodo de dos sillas.
c) en Pumaskalla encontramos una partitura temporal basada entre lo permanente (lo escenográfico) y lo movil (lo argumental); una partitura emocional basada en el melodrama latinoamericano y el leif motiv de las músicas y las canciones.
d) en el TUNI encontramos una partitura espacial resuelta de manera elemental.

Conclusiones (por ahora)
1) ”Atemperados” de Lima es un espectáculo incómodo, gótico, experimental.
2) ”Así nació este tondero” de Piura es un espectáculo de reafirmación local y popular en el sentido de costumbrista que se basa y se apoya eficazmente en la comedia de situación.
3) ”Sin palabras” de Chiclayo es un espectáculo que manipula las emociones y los sentimientos de los espectadores, pero a la vez es crítico y político.
4) ”Don Dimas…” de Lima es una comedia ligera con pinceladas de sátira que no termina de redondear su razón fundamental: ¿o se quiere golpear en un primer nivel a los “viejos verdes” o se quiere golpear al oficio leguleyo de los notarios?

(Aquí nuevamente Juan Manuel García de Cuarta pared interviene para precisar que “notario” es el antiguo nombre de los escribanos[29] que hoy son llamados abogados y comentar que él como abogado se siente aludido por el epíteto de “rata” que JA esgrime en contra de los abogados, pero JA, el cronista le señala que la crítica es a la profesión y no a la persona).

Entre los cuatro espectáculos establecen un panorama que, sospechamos designa el estado actual del teatro peruano de hoy. Hemos regresado a los años ‘60s en donde un experimentalismo personal convive con una comedia ligera y entre ellos luchan por establecer su propio espacio un teatro popular y un teatro dramático/melodramático. Más allá de recaer en el elogio acrítico de las diferencias, deberíamos preguntarnos ¿qué es lo que nos une? Descartando de la respuesta eso que ya viene demostrando el foro: el gusto y la pasión por el hacer teatro. Pregunta clave en estos tiempos de individualismos, de globalización y de intercomunicación virtual. Gracias.

[En algún momento de la lectura que no consignamos, Roger Sáenz de Hangar, factoría escénica la interrumpe porque tiene que ir a tomar su ómnibus hacia Lima y luego manifiesta que se siente insatisfecho porque no ha escuchado la crítica que esperaba. Eduardo Valentín le contesta que según lo acordado con JA, éste ha cumplido con hacer una crónica de los espectáculos: Ya comentaremos en la crónica aparte este “incidente”, pues, lo entendemos como síntoma de un problema mayor: los teatreros prácticos todavía no entienden las especificidades de los teatreros teóricos[30]].


JA
El cronista
(Transcripción terminada: 07 de diciembre de 2012)



Leer más en crónica aparte






[27] Escrito entre las 3 y las 7 de la mañana del domingo 18 de noviembre.

[28] El esquema que vamos a emplear responde en lo formal a ese formato que por ahora estamos copiando de google libros: vista previa restringida, y que a nivel del contenido responde al mismo esquema que empleamos en la crónica de “El cuy y el zorro” del grupo Puckkay Pacha [espectáculo presentado en la XIII Muestra Regional Lima-Callao de este año].

[29] Ricardo Palma (1833-1919) presenta a “Don Dimas” como “escribano de número de la Real Audiencia” de Lima [Cf. Ricardo Palma. Tradiciones peruanas, Tomo I, División Editorial del diario La República, Universidad Ricardo Palma, Lima, p. 10].

[30] El reconocimiento de la existencia de teatreros prácticos y teatreros teóricos es un tema de la ponencia de JA [Cf. Foro del lunes 19].

CONTINUARÁ

miércoles, 2 de enero de 2013

XVII ETPA

INFORMES[1] del XVII ETPA
Huancayo[2], del 15 al 19 de noviembre de 2012
PLAN

Organiza: Grupo Barricada teatro de Huancayo – Perú, Municipalidad Provincial y Casa de la Juventud y de la Cultura de Huancayo[3]
Auditorios del Colegio “Andino” y Municipalidad de Huancayo
Grupos invitados: “Hangar, factoría escénica” (Lima) – “Cuarta Pared” (Piura) – “Pumaskalla” (Lambayeque) – “TUNI” (Lima) – “Antares” (Ayacucho) – “Chaupimayo” (Huancavelica) – “Cuatrotablas” (Lima) – Luz Marina Rojas, actriz-bailarina de danza balinesa (Colombia)[4]
Entrada: 5 soles adultos, 3 soles niños
Cronista: Juan Ayala (Revista El Zahorí - Lima)
Recopilación fotográfica: Aurelio Miní (Revista El Zahorí - Lima)

S
i, por ejemplo, la investigadora cubana Magaly Muguercia[5] empieza su informe sobre el Festival Camaguey ‘86[6] titulado “Veinte días, noche a noche” con el siguiente párrafo (estadístico):

Festival Camaguey ’86. Diecinueve puestas en escena, todas posteriores a enero de 1984. Nueve obras de autores cubanos contemporáneos. Una cubana del siglo XIX y otra de los años 50. Un Shakespeare, un Goldoni, dos Lorca. Un estreno del soviético Guelman.

Entonces nosotros también vamos a empezar con un párrafo similar, por más que luego llevaremos nuestro informe más allá de la mera estadística, pues sospechamos que el informe de Muguercia contiene ―en cierto sentido― aquello que, por ejemplo, en el 2008 el académico argentino Jorge Dubatti (Buenos Aires-Argentina, 1963) definirá como cartografía teatral[7], es decir, como la tarea de re-pensar las prácticas escénicas desde y por la elaboración de “mapas teatrales” en base a la conjunción ―en (amplias) líneas temáticas― de la estadística y de la producción de sentido. En esa medida e independientemente de todo lo dicho ese párrafo del informe de Muguercia no sólo sintetiza el Festival de Camaguey del año 1986, sino fundamentalmente indica que va a re-pensarlo desde y por los espectáculos [es decir, su enfoque se inscribe dentro de la perspectiva teatrológica, en un momento en que antes de la noción en sí misma de la teatrología ya se empezaba a asumirla desde ciertas prácticas de escritura post-escénica[8]].

Así pues, para dar cuenta de los “mapas” del XVII ETPA 2012 abordaremos los siguientes eventos (temáticos): 0) La recepción a las agrupaciones por parte de Eduardo Valentín, Director de la Casa de la Juventud y de la Cultura y de Barricada teatro de Huancayo [Cf. Anexo 4]; 1) el espacio (extra-oficial y arbitrario) de conversación sobre los procesos del teatro peruano de los últimos 40 años en y durante el tiempo de la alimentación: Desayunos, almuerzos y cenas en el primer piso (o nivel) de la Casa de la Juventud y de la Cultura de Huancayo [Cf. Anexo 4a]; 2) el Pasacalle inaugural, Jueves 15 por la tarde [Cf. Anexo 5]; 3) los (03) Foros, Mañanas del Sábado 17, Domingo 18 y Lunes 19 en la Casa de la Juventud y de la Cultura de Huancayo [Cf. Anexo 6] en donde cada agrupación leyó/manifestó una ponencia que debió ser comentada por una Mesa de Cronistas conformada por Mary Soto y Juan Ayala de Lima, y Sandro Bossio de Huancayo[9]; 4) las (05) Noches de espectáculos, Jueves 15 Programa especial: Orquesta Sinfónica Juvenil y Coro en la Catedral de Huancayo [Cf. Anexo 7a], Viernes 16: Hangar factoría escénica de Lima con “Atemperados” y Cuarta Pared de Piura con “Así nació este tondero” en el Auditorio del Colegio Andino [Cf. Anexo 7b], Sábado 17: Pumaskalla de Chiclayo con “Sin palabras” y TUNI de Lima con “Dimas de la Tijereta” en el Auditorio de la Municipal de Huancayo [Cf. Anexo 7c], Domingo 18: Antares de Ayacucho con “Conflicto” y Chaupimayo de Huancavelica con Esencia en el Auditorio de la Municipal de Huancayo [Cf. Anexo 7d], y, Lunes 19: Cuatrotablas de Lima con “La nave de la memoria” y la actriz colombiana Luz Marina Rojas haciendo la demostración de una danza milenaria de Bali, en el Auditorio de a Municipal de Huancayo [Cf. Anexo 7e]; 5) los (02) Reconocimientos (públicos): a Mario Delgado, director de Cuatrotablas en el despacho del Alcalde de Huancayo, el Lunes 19,  4 pm. [Cf. Anexo 8a] y a Juan Ayala como Cronista oficial, el lunes 19, en el Auditorio de a Municipal de Huancayo [Cf. Anexo 8b]]; y, 6) la clausura con la Entrega de los Certificados de asistencia, lunes 19, en el Auditorio de la Municipal de Huancayo [Anexo 9].

         Esperamos que al final de la lectura de estos informes, el lector, no sólo haya alcanzado una perspectiva más concreta de lo que fue el XVII ETPA, sino pueda seguir recorriéndolo a través de una serie de “mapas”.

JA
El cronista
(Transcripción terminada: Noviembre 26 de 2012)



Notas


[1] Estamos usando la definición que el Diccionario de Autoridades de la Real Academia de la Lengua (RAE) señala para la palabra “Informes” en plural y que a la letra dice:
Llaman los Astrónomos a aquellas estrellas que están entre algunas constelaciones ó asterismos, sin estar incluidas en ninguno de ellos. Lat. Stella informes.
(NTLLE, 1734, p. 268; las negritas no aparecen en el original; Consulta: sábado 24 Noviembre 2012)
En ese sentido, no es un capricho ni mucho menos una arbitrariedad el hecho de que apelemos a esta palabra que en su acepción cuarta alude a lo que no tiene “forma” ni “figura” [Cf. ob. cit., p. 268]. Pretendemos, por lo tanto, los siguientes objetivos fundamentales: 1) ubicar al ETPA en la relación en general de Lima/Provincias y en la relación en particular de Eventos hechos en Lima/eventos hechos en provincia, pues nos resulta muy precisa la idea de que algo puede además “suceder” sin que eso implique “estar incluido” en un panorama más vasto [al parecer, esta idea corresponde precisamente a esas históricas luchas ―en muchos ámbitos― que las periferias regionalistas no-limeñas han tenido que entablar en contra de ese centralismo limeño que todo lo mide y cataloga desde la (formalidad y el contenido) propios de Lima, resumidos en la (infame) frase de Valdelomar (1888-1919): “el Perú es Lima…”, y ante la cual se han enfrentado ―entre otros tantos ejemplos― el ensayo “Regionalismo y centralismo”, como parte de los “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana” de Mariátegui (1894-1930) y “Garabombo, el invisible”, balada 2 de “La Guerra callada” de Manuel Scorza Torres (1928-1983)]; y, 2) redactar no un solo informe, sino una serie de informes que den cuenta de una manera variada y compleja de lo sucedido en este XVII ETPA [en todo caso, “informes” porque recusamos ese uso simplón que se viene haciendo de la sumilla para dar cuenta de eventos que ya en sí mismos son complejos y por lo tanto necesitan de otro formato: el de crónica comentada nos parece muy pertinente]. Por otro lado, nos resulta irónico y desafiante el hecho de que esta palabra (“informes”) pertenezca a la jerga de una ciencia como la Astronomía [¿qué mejor para hacer crítica de esos egos sobre-exaltados propios de un romanticismo burgués tardío, de esas ínfulas de “estrellas” en el sentido (aculturado) de divismo y esos narcisismos supérstites de muchos teatreros que están obnubilados por aquello que implica que “el medio es el mensaje” y que todo debe girar desde y sobre ellos…?].

[2] A la ciudad de Huancayo se le conoce como la incontrastable, palabra que la edición de 1970 del Diccionario usual de la RAE define como “que no se puede vencer o conquistar” (primera acepción), “que no puede impugnarse con argumentos ni razones sólidas” (segunda acepción) y “que no se deja reducir o convencer” (tercera acepción o lenguaje figurado) [Cf. ob. cit., p. 738]. Al parecer, mucho tiene que ver con el uso de la palabra incontrastable el hecho de que en el proceso de la Independencia del Perú esta se declaró, por ejemplo, en Huancayo el 20 de noviembre de 1820 producto de la presencia de la columna del general argentino Álvarez de Arenales enviada por San Martín desde Huaura; a esta declaración de independencia le sucederán luego una serie de batallas, una de ellas ―y tal vez la más decisiva― fue la victoria de Azapampa el 29 de diciembre de ese año en donde participaron más de 5 mil comuneros huancas, muchos de los cuales ofrendaron sus vidas. Al respecto, Sandro Bossio dice: “Se quemó gran parte de la ciudad, y surgió una nueva ciudad. Se impuso un nombre de incontrastable”, que él interpreta como que la ciudad “se quedó ‘sin contraste’, bella” (Cf. Anexo 01). Por otro lado, la fuente (filológica) que el propio Bossio cita y que entendemos alude al Diccionario usual de la RAE está equivocada en la fecha de edición: no existe un Diccionario usual de 1968, en todo caso lo que sí existe es el Diccionario de 1970 [Cf NTLLE]. Por otro lado, sobre la raíz quecha de la misma palabra “Huancayo”, citamos a Wikipedia: 
La voz wankayuq se compone de la raíz wanka (‘piedra’)3 y el sufijo derivativo -yuq (‘el que tiene’), morfema común en otras toponimias del Valle del Mantaro. En ese sentido, una traducción del nombre sería «El lugar de la piedra». Esta teoría se acompaña con una tradición oral de dicha ciudad que señalaba que en la locación del actual Parque Huamanmarca, existía en los inicios de la población una piedra ovalada de considerables dimensiones. Actualmente no existe dicha roca ni indicios de su emplazamiento. Según otras teorías se afirma que el nombre originario de Huancayo era "Wuancamayo" por las dos voces quechuas "wanka" (piedra) y "mayu" (río).
Nota 3: "Reseña histórica". Corporación Karroba. com S.A.C. (2008). Consultado el 24/08/08; las negritas no aparecen en el original ["Reseña histórica" corresponde al portal huancayoperu] 
En todo caso, hay una placa en el foyer del Auditorio de la Municipalidad Provincial que da cuenta de la raíz quechua de Huancayo [Cf. Anexo 03].

[3] El XVII ETPA fue parte de la semana de celebraciones por el 148 Aniversario de la creación política de la Provincia de Huancayo.

[4] Hemos colocado la relación de las agrupaciones participantes en función del orden en que estas se presentaron. Obviamente el orden que aparece en el afiche oficial es otro [ya señalaremos en su momento algunas explicaciones al respecto].

[5] Cito lo que el portal argentino Alternativa teatral consigna sobre Magaly Muguercia:
Investigadora teatral y ensayista cubana. Entre sus libros se encuentran “El teatro cubano en vísperas de la Revolución”, “Teatro y utopía” y “El escándalo de la actuación”. Ha impartido cursos en varios países latinoamericanos y en los Estados Unidos. Fue directora de la revista Conjunto y del departamento de Teatro de la Casa de las Américas. Recibió en 1992 el premio Ollantay, otorgado por el CELCIT por sus investigaciones sobre teatro latinoamericano y fue becada por el ISTA (Dinamarca) entre otros premios y reconocimientos internacionales. En los últimos años sus estudios exploran la relación entre performance y vida social.
(Consulta: Domingo, 25 noviembre 2012)
Investigadora, ensayista y docente cubana. Autora, entre otros, de los libros Teatro y utopía, el cuerpo cubano, Teatro, performance y política, TEatro latinoamericano del siglo XX, Primera modernidad. Se especializa en teatro latinoamericano y en estudios de la performance. Sus ensayos se han publicado en numerosas revistas especializadas en el mundo. Actualmente se desempeña como docente en el Departamento de teatro de la Universidad de Chile y en la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica de ese país. Fue directora del Departamento de teatro latinoamericano de la Casa de las Américas y de la revista Conjunto. Ha impartido cursos y talleres en numerosos países latinoamericanos. Ganadora del Premio Ollantay, del CELCIT, como investigadora; beca del ISTA (International School of Theatre Anthropology). Ganadora en Chile de la beca FONDART 2010 de Investigación y del FONDECYT Regular de Investigación, 2011. 
(CELCIT, Curso a distancia de marzo a junio del 2013: Teatro Latinoamericano del Siglo XX; Consulta: 13 de Diciembre 2012)

[6] Cf. revista Conjunto, nº 72, p. 23

[7] La cartografía teatral: Cf. nota nº 13 de Las cuestiones previas (del Informe al XVII ETPA, Huancayo 2012): http://etpahuancayo.blogspot.com/;  (Consulta: Lunes 26 Noviembre de 2012)

[8] Cuando Dubatti se pregunta si sólo escribe el autor dramático y llega a la conclusión que no es así, ya está sentando las bases para reconocer luego que hay tres tipos de prácticas de escritura: la pre-escénica que es propia del autor dramático, mal llamado en nuestro medio como “dramaturgo”; la propiamente escénica que es responsabilidad de la dupla actores/director y la pos-escénica que, no sólo implica la re-escritura del espectáculo como dice Dubatti, sino que también genera o bien el texto del cronista, el texto del crítico y el texto del investigador, como decimos nosotros [Cf. Jorge Dubatti, Dramaturgia(s) y ampliación del concepto de texto dramático: una conquista epistemológica de la teatrología, en revista digital dramateatro, nº XXII, setiembre-diciembre de 2007; y, Juan Ayala, Ponencia La crónica teatral, XVII ETPA, Huancayo, 2012].

[9] Ese fue el diseño del evento. En la práctica sólo hubo un cronista. Del por qué de las ausencias de Mary Soto y Sandro Bossio, no tenemos mayor información.

CONTINUARÁ